lunes, 3 de noviembre de 2008

Tú.


Te acabo de leer. Si es que es posible leer con los ojos llenos de lágrimas, quizá son necesarias, como un lente de aumento, como para cambiar la realidad. La realidad. No hay nada más irreal que lo que no se puede creer, no hay nada más irreal que lo que te tocó conocer.

Y te sigo llorando, no sé bien porqué, pero estos cristales redondos caen como piedras huecas en el río de tu pesar. Tú también eres azul, como yo. Pero tus tonos se me desvanecen, no te puedo alcanzar. Y eso es lo que más quiero, no te vayas, déjame cogerte las manos y reconocer tu dolor. Déjame secar tus lágrimas en silencio, mientras yo derramo las mías por ti. No quiero que te me escapes, ya te encontré, ya te adopté... ¿te dejarás abrazar?

Me encantaría decir que todo va a estar bien, pero yo no soy dueña de esas verdades, no tienen mi nombre, pero he visto que tienen el tuyo. Lo único que me provoca es crearte un hogar, para que dejes de tener frío. Poner luz y calor, hacer que todo pase, que sonrías más, pero sonrisas ciertas, no quiero sonrisas de papel. Esas no son bonitas.

Te lo pregunté antes y te lo pregunto ahora, si tú hubieras sabido que todo esto iba a pasar, ¿lo hubieras hecho igual? Y yo sigo pensando que sí. Son dichas que nadie te puede quitar.

Ya no estoy llorando, pero esta melancolía que me producen tus ojos, esta sensación de infinito, este sabor a nostalgia, a vulnerabilidad... te tengo que cuidar. Me da.

Deseo.


A esta hora y en este lugar. Me han contado que se esconden, que huyen para abrazarse. Mira por encima del hombro, no vaya a ser que alguien te siga. Es una histora sin comienzo, pero tiene fin. El fin son tus besos, tus brazos.

Seres falsos, mentirosos, llenos de ganas y en brasas. Entre valles, montes y volcanes, son relámpago y miel. Beso a beso, hasta ya no ser, dejar de existir. Seres azules y rojos, cual luna y sol, fundiéndose en el rito sagrado al compás del tambor. Ahora sólo es un recuerdo, son sólo imágenes y dolores buenos. Este recuerdo me pertenece y te pertenece. Es nuestro... y a veces de nadie.

Si dijera que quiero más, sería una petición sin sentido. No quiero, pero deseo. Y me han contado de estos dos que en sueños se siguen encontrando para abrazarse. Mi meta es tu beso. Mi lugar son tus ojos, tus manos. Pero es sólo algo que me han contado, porque nada es real, es un querer falaz. He oído de estos dos, noche y día, sol y luna, monte y valle, volcán y ceniza, monte, piernas y dedos.

Sólo nos queda el silencio, el secreto de lo no sucedido, el sonido de lo que nunca pasó. No hablaremos más de esto, nunca existió. Estuviste, pero no sé si estás y seguramente no estarás. ¿Quién sabe? En cinco vueltas de papel habremos escapado a este utópico lugar, esto de no ser... ay. Es cosa de volver. A esta hora y en este lugar.